¿Feria para quién?
- Equipo de Redacción de BSC

- 22 ene
- 3 Min. de lectura
La Feria de las Flores y el Café nació para celebrar lo mejor de Boquete: su café, sus flores, su gente, su naturaleza y esa calma que por años ha hecho de este distrito un lugar especial. Empezó en 1950 como Festival del Café, con un sentido claro de identidad y orgullo local. Pero hoy, después de tantos cambios, es inevitable preguntarnos con sinceridad: ¿en qué se ha convertido realmente esta feria… y a quién está beneficiando?
Porque cuando un evento que debería destacar flores y café termina dominado por discotecas, licor, tarimas y ruido, algo no está cuadrando. ¿Qué queda de sus raíces? ¿En qué momento se normalizó que el “éxito” se mida más por el volumen de la música que por la calidad de lo que representa nuestra cultura?
Se repite cada año que la feria fue un éxito, que atrajo multitudes, que movió millones… pero, si eso fuera cierto, ¿por qué tantas personas sienten que Boquete queda más agotado que fortalecido cuando todo termina?
Doce días de ruido no son poca cosa. No es solo una molestia; es una afectación real al descanso de niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y trabajadores que necesitan dormir para cumplir con sus responsabilidades.
¿Dónde queda el respeto por los residentes? ¿Qué mensaje enviamos cuando Boquete, que muchos visitan buscando tranquilidad y naturaleza, termina siendo recordado por desorden y estridencia? ¿Qué imagen estamos proyectando hacia los turistas que llegan esperando paz y se encuentran caos? Y si comerciantes y hoteles reportan que huéspedes se van antes de tiempo por el ruido, que dejan reseñas negativas y que la experiencia termina afectando a quienes no viven de vender alcohol, entonces vale preguntarse sin rodeos: ¿esto beneficia al distrito o lo perjudica?

También está el tema del colapso vial, que parece tratado como algo “normal” cuando en realidad es un riesgo serio. Boquete no cuenta con una terminal adecuada de transporte público, y durante la feria los buses terminan bloqueando calles, accesos a casas, comercios y propiedades privadas. ¿Qué pasa si ocurre una emergencia médica o un accidente grave y no puede entrar una ambulancia? ¿Qué pasaría si hubiera un incendio o una situación que requiera respuesta inmediata y el distrito está paralizado?
A esto se suma que no tenemos suficientes aceras y muchas de las que existen están en mal estado o no cumplen con las dimensiones necesarias, lo que obliga a la gente a caminar por la calle sin controles adecuados, aumentando el peligro de accidentes. ¿Cómo se permite que un evento tan grande se desarrolle sobre una infraestructura que claramente no está preparada para proteger a la población?

Y entonces vuelve el tema de los supuestos millones. Si la feria genera tanto dinero, ¿dónde se refleja en la infraestructura pública del distrito? ¿Dónde están las mejoras visibles en calles, aceras, parques, ordenamiento y seguridad? ¿Dónde está el impacto positivo que se supone debería quedarse aquí, en el lugar que pone el territorio, la paciencia, el sacrificio y la convivencia diaria? Y una pregunta que no debería ser incómoda, sino normal en cualquier sociedad sana: ¿Cuándo fue la última vez que el patronato rindió cuentas de manera clara y pública sobre los fondos y las ganancias de la feria? Porque Boquete merece transparencia, y más aún cuando se habla de recursos generados usando el espacio, la tranquilidad y la vida cotidiana de toda una comunidad.
Nada de esto significa que la feria no deba existir. Al contrario: el derecho al esparcimiento, a la recreación y a la vida en comunidad es real, y una feria bien realizada puede ser un motor cultural, económico y social que fortalezca al distrito. Pero precisamente por eso necesitamos preguntarnos si este evento está alineado con la vocación de Boquete como destino de naturaleza, vegetación, retiro y paz. Necesitamos atrevernos a pensar cómo debería ser una feria que sí represente nuestras raíces, que sí impulse el café y las flores, que sí respete a la comunidad y que sí deje beneficios visibles y sostenibles. Porque la feria le pertenece al pueblo de Boquete, no a intereses particulares, no al desorden y no a quienes ven el distrito solo como un negocio. Y si de verdad amamos este lugar, tal vez ya es hora de hacer las preguntas difíciles, no para destruir una tradición, sino para recuperarla y transformarla en algo que Boquete sí merece.





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