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El alcalde de Boquete: ¿gestor público o Miss Simpatía?

  • Foto del escritor: Helga Barría
    Helga Barría
  • 5 feb
  • 5 Min. de lectura

¿Sabemos realmente qué le corresponde a nuestro alcalde? Y, si no lo sabemos, ¿cómo vamos a exigirle?

En Boquete ya no hablamos de incidentes aislados. Hablamos de un distrito que funciona sin rumbo, sin orden y a base de parches: calles deterioradas, aceras inexistentes o inservibles, problemas persistentes con las aguas negras, dudas cada vez más serias sobre la calidad del agua potable, ruido fuera de control, crecimiento urbano sin dirección y un sistema de transporte local que simplemente no existe. Boquete, además, no cuenta con una terminal de transporte. Nada. Y aun así seguimos operando como si el caos fuera parte natural del paisaje. Lo más preocupante no es que los problemas estén ahí; lo verdaderamente alarmante es que cuando desde la comunidad —y desde Boquete Se Cuida— los señalamos, siempre aparece la misma excusa automática: “eso no le corresponde al alcalde”. Como si la figura del alcalde existiera únicamente para cortar cintas, sonreír para la foto y aparecer en redes, pero no para hacerse cargo del desastre cotidiano.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿de verdad sabemos qué le corresponde y qué no?

La Ley de Régimen Municipal es clara al establecer que el gobierno local existe para administrar el distrito, coordinar servicios, planificar su desarrollo y velar por el bienestar colectivo, y que el alcalde es el jefe de la administración municipal, responsable de presentar planes de desarrollo, dirigir la gestión, ordenar el gasto, coordinar a su equipo, promover el progreso de la comunidad y cumplir y hacer cumplir la ley. Eso no es una opinión. Es una obligación legal. 

Fachada Palacio Municipal de Boquete
Fachada Palacio Municipal de Boquete

Pensemos en algo muy simple. Si usted es dueño de un hotel o un hostal y un huésped le avisa que la regadera de su habitación está dañada, su respuesta no puede ser “eso no me compete, yo no soy plomero”. Usted es responsable de que el servicio funcione. Aunque no sepa reparar la regadera, su obligación es llamar al plomero, darle seguimiento y asegurarse de que el problema se resuelva bien y a tiempo. Con el alcalde ocurre exactamente lo mismo. No tiene que ser ingeniero, urbanista, epidemiólogo, hidráulico ni experto en transporte. Pero sí tiene la responsabilidad de coordinar, gestionar, exigir, presionar, supervisar y articular a las instituciones que sí tienen la competencia técnica. No ejecutar no significa lavarse las manos.

El ordenamiento urbano, el uso del suelo, la movilidad local, la ubicación de paradas, la seguridad peatonal, el control del ruido, el manejo de los residuos, la supervisión de las obras municipales, la atención a la comunidad y la coordinación con otras entidades del Estado forman parte del corazón mismo del gobierno local. En distritos como Boquete, donde el agua potable depende en gran medida de acueductos rurales comunitarios, el rol del municipio no es pasivo: es de acompañamiento, fortalecimiento, supervisión y gestión, especialmente cuando existen fallas, cortes o riesgos sanitarios. Lo mismo ocurre con las aguas negras, con las calles y con las aceras. Entonces la pregunta vuelve a aparecer: ¿por qué seguimos aceptando que se nos diga que “eso no es competencia del alcalde”?

Hay además otra confusión que como ciudadanía necesitamos corregir. El alcalde, el municipio y los representantes no son nuestros jefes. No son reyes, ni señores feudales, ni benefactores. Son funcionarios públicos y su salario se paga con nuestros impuestos. Se deben a la comunidad. Pero para poder exigir, primero hay que saber. Una ciudadanía que no conoce el alcance real del gobierno local es una ciudadanía que no puede fiscalizar ni exigir con criterio.

Hoy Boquete se siente desordenado. No existe un plan integral visible que oriente el crecimiento, la movilidad, la infraestructura, los servicios básicos y la protección ambiental del distrito. Y aquí surge una pregunta inevitable que no podemos seguir esquivando: ¿cómo se están tomando realmente las decisiones en este distrito? ¿Con qué criterios? ¿Pensando en el desarrollo real de Boquete o en función de qué tan beneficiosas resultan para el bolsillo de unos pocos? Y, sobre todo, ¿quiénes son esos pocos?

Proyecto en la Finca 6264 en Palo Alto, a orillas del río. 3 hectáreas y media de devastación.
Proyecto en la Finca 6264 en Palo Alto, a orillas del río. 3 hectáreas y media de devastación.

Decirlo con respeto no lo hace menos cierto: administrar un distrito como Boquete requiere preparación, liderazgo, criterio técnico y un equipo sólido. Lo que vemos hoy es una administración que no logra responder a la complejidad del territorio, ni anticiparse a sus problemas, ni rodearse de personas con la capacidad técnica y estratégica que el cargo exige. Cuando un alcalde no cuenta con todas las competencias necesarias, su primera obligación debería ser justamente rodearse de profesionales capaces que lo orienten y lo ayuden a tomar decisiones informadas. Eso tampoco parece estar ocurriendo.

A esto se suma una percepción cada vez más extendida en la comunidad: que tanto el alcalde como varios de sus representantes han convertido la gestión pública en un permanente ejercicio de espectáculo. Cabalgatas mal organizadas que colapsan el tránsito, paralizan el pueblo y generan más molestias que beneficios; actividades sin planificación ni coordinación real, presentadas como grandes logros, mientras los problemas estructurales del distrito siguen intactos.

Pareciera que lo que realmente los motiva no es resolver, sino la taquilla, la puesta en escena y el aplauso fácil. Los videítos tipo “Netflix” para redes sociales, producciones que, para colmo, también se pagan con nuestro dinero, con los mismos impuestos que deberían destinarse a aceras, agua, saneamiento, planificación y servicios básicos. Como si hubiesen sido elegidos para un concurso de simpatía y no para dirigir una administración pública, el cargo se ejerce más desde la tarima y la cámara que desde el escritorio, el equipo técnico y la toma de decisiones. Y es necesario decirlo con claridad: no fueron electos para entretener al pueblo ni para montar shows chabacanos que maquillan la inacción; fueron electos para administrar los recursos del distrito, coordinar soluciones reales y ejercer liderazgo.

Bandas Independientes,  28 de noviembre 2025.
Bandas Independientes, 28 de noviembre 2025.

Mientras tanto, desde el gobierno central y también desde lo local se anuncian proyectos que suenan muy bien en papel, atractivos para titulares y discursos, pero que resultan difíciles de entender cuando se comparan con la realidad cotidiana del distrito. ¿Cómo se justifica pensar en proyectos millonarios cuando Boquete no tiene ni siquiera una terminal de transporte, cuando las aceras no cumplen condiciones mínimas de accesibilidad, cuando el manejo de las aguas negras es crítico y cuando ni siquiera existe información pública y actualizada sobre la calidad del agua que consume la población? Desde Boquete Se Cuida hemos insistido de manera reiterada en la necesidad de estudios técnicos que permitan conocer el estado real de nuestras fuentes de agua. Hasta hoy, no hay respuestas claras. ¿No debería eso ser una prioridad básica?


Un día cualquiera en las calles de Bajo Boquete.
Un día cualquiera en las calles de Bajo Boquete.

Este es un llamado a la conciencia. La ley le asigna responsabilidades concretas al alcalde y a la administración municipal, pero la ciudadanía también tiene una obligación: informarse, comprender cómo funciona su gobierno local y exigir con fundamento. Porque Boquete no se cuida solo. Boquete se cuida cuando una comunidad entiende que sus gobernantes están para servirle, que no basta con buenas intenciones ni discursos, y que la gestión pública se mide en resultados reales para la vida diaria de la gente.


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