Cambiarnos el "chip": La urgencia de implementar el turismo sostenible en Boquete
- Editor BSC

- 5 mar
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Los que tenemos la dicha y el privilegio de vivir en este maravilloso lugar llamado Boquete, de alguna manera empezamos a entender —a interiorizar— la importancia de convertirnos en embajadores de la naturaleza. Hace 10 años, cuando el ritmo abrumador de la ciudad de Panamá era el pan nuestro de cada día y limpiar hollín de las ventanas del balcón me parecía la cosa más natural del mundo, jamás habría pensado que llegaría el día en que se me apretara el corazón cada vez que escuchara a lo lejos una motosierra, o viera aparecer “planchones” de tierra sin árboles en las montañas, como si la tierra tuviera sarna o lepra o quién sabe qué enfermedad mortal provocada por el virus llamado hombre.

Pero hoy esa es mi realidad, mi preocupación constante. No porque me haya convertido en ecologista de la noche a la mañana, sino porque vivo, respiro y amo este entorno único que me enamoró y al que llamo hogar. No soy Heidi, ni ando por ahí cantando “abuelito dime tú”, simplemente soy una persona pensante y consciente, apegada al principio de vivir en armonía con el entorno y cien por ciento convencida de que el dinero no compra la paz, ni la salud, mucho menos la felicidad.
Sin embargo, soy fiel al principio de que el progreso es absolutamente necesario, que no se vive del aire, ni se paga la renta, ni la escuela, mucho menos el supermercado o la cuenta de un hospital. Pero también sé que sólo tenemos un planeta Tierra, por mucho que Elon Musk y el resto de la banda de billonarios estén empecinados en colonizar el estéril y espantoso Marte, como si supieran que los días de la Tierra están contados, porque ellos mismos se están encargando de acabar con ella.
Dicho todo esto y porque Boquete es vendido como “el destino”, toca empezar a pensar en que todo lo bueno se acaba y, si no nos ponemos las pilas y nos cambiamos el "chip", prontito no va a haber destino que venderle a nadie.

No sé si lo habrán visto, me imagino que sí porque se volvió viral por lo absurdo, pero por ahí hay un empresario hablando de “reconquistar Boquete”, al mejor estilo de los piratas, porque donde expones demasiado al mundo un tesoro, de la clase que sea, pronto tendrás un millón de oportunistas dispuestos a saquearlo.
Y aunque es una frase trillada y a muchos les molesta escucharla, sí, el oro de Panamá es VERDE, es diverso y canta melodiosamente en los árboles, se esconde en la espesura y nada en los océanos. Así que aprendamos cómo cuidar y capitalizar esta bendición que el universo nos ha regalado y, sin fanatismos mediáticos, empecemos a pensar en sacarle provecho sin destruirlo.

En esta línea de pensamiento, TODOS deberíamos empezar a documentarnos sobre nuestras opciones para mantener el sustento del distrito, ese del que tanto hablan las autoridades locales y también las nacionales, pero que pareciera es sólo para las apariencias, porque lo que dicen y lo que hacen no concuerda.
Nuestro vecino de al lado, Costa Rica, parece que ha encontrado la fórmula perfecta para capitalizar su oro verde y lo está haciendo de manera admirable, vendiéndose al mundo como el paladín del ecosistema, preservadores de su flora y su fauna, promotores del bienestar integral que genera rodearse de un ambiente natural no alterado por la mano del hombre y compartiendo con el mundo ese pedacito de cielo que los costarricenses tienen como hogar.
Como quien dice, la envidia de todos. Y una forma de generar ingresos fabulosa.
Entonces, revuelvo la mirada —y siento espanto— cuando evalúo lo que estamos haciendo aquí, con una riqueza natural igual o mayor que la de nuestro vecino tico, pero con mentes estrechas y ambiciosas aprovechándose egoístamente de lo que nos pertenece a todos.
Pensando como empresarios, ya va siendo hora de mirar con luces largas y poner límites al uso de los recursos naturales, llámese árbol, pájaro, río, montaña, parque del pueblo, no importa, todo es un activo del distrito y todos somos accionistas de la empresa llamada Boquete.

En mi búsqueda de modelos de turismo respetuoso y consciente, me he encontrado con que ya hay varios países en Latinoamérica alzando su voz y tomando la bandera de preservar su ecosistema, sin dejar de abrir las puertas al turismo para mantener su economía. En Colombia hay regiones ricas en biodiversidad que se complacen en cuidar lo que los hace interesantes para los viajeros. Ahí es donde entra en la jugada el turismo sostenible.
¿Qué es el turismo sostenible?
El turismo sostenible es una manera de viajar y gestionar destinos que busca minimizar los impactos negativos sobre el medioambiente, la cultura y la sociedad, al mismo tiempo que genera beneficios económicos para las comunidades locales.
En otras palabras, se trata de un turismo que:
Protege los ecosistemas y el patrimonio cultural.
Fomenta el desarrollo local y la economía circular.
Promueve un comportamiento responsable entre viajeros.
Garantiza la sostenibilidad social, económica y ambiental a largo plazo.
Los principales motivos por los que el turismo sostenible ha ganado peso se deben, en gran parte, al impacto negativo que ha tenido a lo largo de los años un turismo desestructurado y masificado (¿te suena familiar?). La destrucción del medioambiente o la estacionalidad laboral son algunos de los impactos que el turismo sostenible puede mitigar. No es una moda, sino una necesidad.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) define el turismo sostenible como un turismo consciente del impacto económico, social y medioambiental, así como las repercusiones presentes y futuras, para satisfacer no solo las necesidades del visitante, sino también de la industria, el entorno y la comunidad anfitriona. Por este motivo, es necesario mantener los procesos ecológicos esenciales y ayudar a conservar la biodiversidad y los recursos naturales.
Repito, como papagallo: es necesario mantener los procesos ecológicos esenciales y ayudar a conservar la biodiversidad y los recursos naturales. Y léase bien, se trata de satisfacer las necesidades de la comunidad anfitriona. O sea, nosotros, los que vivimos en Boquete, los residentes permanentes.
Y aquí viene la lección de cómo se supone que podemos conseguir esto, que ya países vecinos lo están haciendo y que podemos validar que es posible y que da resultados.
Pilares del turismo sostenible: medioambiente, cultura local y desarrollo económico

Optimizar los recursos medioambientales. Sin ecosistema no hay turismo, por ello es importante cuidar el entorno natural. Sólo conservando los recursos naturales y cuidando la diversidad biológica es posible que pueda haber turismo.

La autenticidad de la cultura local. Un factor fundamental para entender un lugar son sus gentes, los valores tradicionales de la comunidad anfitriona, su cultura, la arquitectura. Sin el respeto hacia la cultura, el turismo no puede ser sostenible.

Distribución de la riqueza. La economía es otro de los factores fundamentales dentro del turismo: garantizar actividades económicas que perduren en el tiempo y que haya equilibrio en la distribución de los beneficios socioeconómicos. Uno de sus objetivos es generar oportunidades de empleo estable, obtener ingresos y servicios sociales, y reducir la pobreza en las comunidades locales.
No sé ustedes, pero si esto es el turismo sostenible, ¿por qué no tenemos ya un plan en marcha en Boquete?
¿Quién no quisiera conservar los recursos naturales, respetar nuestra cultura y generar oportunidades de empleo?
No hay que acabar con el entorno para tener un modelo de negocio que funcione y que beneficie a todos. Ya saben, hay que cambiarse el "chip" y exigir que las autoridades también se lo cambien.



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