Resultados alarmantes: estudio certificado detecta contaminación fecal severa en el río Caldera
- Equipo de Redacción de BSC

- 26 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 3 mar
La calidad del agua del río Caldera es un tema de interés directo para quienes vivimos en Boquete, no solo por su valor ambiental, sino porque forma parte esencial del entorno en el que vivimos y del que dependen muchas comunidades. En este contexto, un resultado obtenido de un estudio realizado por el ENVIROLAB Laboratorio Ambiental y de Higiene Ocupacional, acreditado por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) como laboratorio de ensayos acreditado No. L-019, confirma la presencia de contaminación fecal significativa en el río.


El análisis corresponde al Informe No. 2025-CH-017-B663, realizado sobre una muestra del río Caldera y analizada entre el 11 y el 17 de noviembre de 2025, utilizando el método SM 9223 B Colilert-18, un método estándar internacionalmente reconocido para la detección de coliformes fecales. El resultado obtenido fue de 2820 NMP/100 ml de coliformes fecales.
Para entender la magnitud de este valor, es importante compararlo con lo que establece la normativa panameña. El Decreto Ejecutivo No. 75 del 4 de junio de 2008, que dicta la norma primaria para uso recreativo con y sin contacto directo, establece un límite máximo de 250 NMP/100 ml. El valor detectado supera este límite por más de once veces, lo que significa que, en el punto donde se tomó la muestra, el agua no cumple con las condiciones consideradas seguras ni siquiera para uso recreativo. Dicho en términos más claros: ni se te ocurra meter el pie a remojar en esa agua, porque literalmente te embarrarías de 💩💩💩.

Los coliformes fecales son bacterias indicadoras de contaminación por heces humanas o animales. Su presencia confirma que el agua ha sido impactada por contaminación de origen fecal y que existe la posibilidad de que contenga otros microorganismos capaces de causar enfermedades gastrointestinales, infecciones de piel u otras afecciones. Este tipo de resultado no es una interpretación ni una opinión: es evidencia técnica objetiva de que el río está recibiendo descargas de contaminación fecal.
Es importante aclarar que los ríos no son fuentes de agua potable directa y que, cuando su agua se utiliza para consumo humano, debe pasar por procesos de potabilización. Sin embargo, el hecho de que exista una planta potabilizadora no exime de responsabilidad a las autoridades ni elimina la obligación de vigilancia permanente sobre la fuente, ni mucho menos borra el crimen ambiental que se está cometiendo contra el río Caldera. La contaminación de una fuente hídrica es un daño grave en sí mismo, independientemente de que exista tratamiento posterior.
Por esta razón, exigimos públicamente a la entidad responsable del acueducto del distrito y a la administración alcaldicia que presenten, de manera inmediata, resultados recientes, verificables y completos de análisis microbiológicos del agua que está llegando a nuestras casas, que confirmen que es apta para el consumo humano. Esto es crítico para la salud de quienes residimos en Boquete y de quienes nos visitan. No se trata de una formalidad. Se trata de saber, con certeza, qué estamos consumiendo.

Estamos hartas de repetir, una y otra vez, que el río Caldera está siendo contaminado. Hartas de advertirlo. Hartas de señalarlo. Hartas de ver cómo quienes tienen la responsabilidad de proteger este recurso miran hacia otro lado.
Y esto es solo lo que se midió. Esta prueba ni siquiera analizó la presencia de pesticidas. Sustancias que no nos sorprendería encontrar, considerando que hemos recibido y documentado denuncias de personas —tanto civiles como institucionales— aplicando agroquímicos peligrosos al lado de fuentes de agua. Veneno que inevitablemente termina en el río. Veneno que inevitablemente termina en nuestro entorno.
No tenemos que ir muy lejos para ver cómo termina esta historia cuando las autoridades ignoran las advertencias.
Durante más de veinte años, los residentes de la península de Azuero denunciaron la contaminación del río La Villa. Durante más de veinte años se les ignoró, se minimizó el problema y se permitió que el daño continuara. No fue hasta que la contaminación se convirtió en una crisis sanitaria imposible de ocultar que el gobierno finalmente declaró un estado de emergencia en las provincias de Herrera y Los Santos en junio de 2025, asignando más de 10 millones de dólares para intentar reparar un desastre que nunca debió permitirse.
Diez millones de dólares. Dinero público. Dinero de todos. Para corregir décadas de negligencia institucional.
Exactamente el mismo patrón que estamos viendo hoy en Boquete.
Exactamente el mismo silencio.
Exactamente la misma irresponsabilidad.
La pregunta es inevitable: ¿vamos a esperar a que se convierta en una crisis sanitaria para actuar?
La situación actual refleja un nivel inaceptable de negligencia por parte de quienes deberían estar vigilantes. Quienes deberían monitorear. Quienes deberían proteger. Quienes deberían informar.
No podemos aceptar que esto se normalice. No podemos aceptar que se ignore. No podemos aceptar que se minimice.
Porque el río Caldera no es solo agua.
Es salud.
Es vida.


Comentarios